DOS TALLAS DE INTERÉS PARA UN BELÉN PARROQUIAL
Sergio Cabaco y Jesús Abades

El navideño simulacro se expone todos los años, por estas fechas, en el altar mayor de la Parroquia de San Pedro, de la capital onubense. Representa a la Virgen y San José adorando al Divino Infante, en una versión de la popular iconografía de la Natividad de Cristo cuyos orígenes se remontan al medievo. María aparece arrodillada y en actitud de envolver con pañales al pequeño Jesús, que aparece desnudo y tendido sobre un lecho de paja. San José, en cambio, se muestra de pie y portando el característico báculo florecido en su mano derecha. La imagen del Niño es una obra seriada de los Talleres de Olot y, por tanto, carente de valor artístico; las otras dos, sin embargo, poseen varios siglos de antigüedad y notable interés escultórico, pese a las desafortunadas restauraciones sufridas.
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La efigie de María, advocada como Virgen de los Ángeles, es una imagen anónima de candelero cuya catalogación se remonta a la escuela sevillana del siglo XVII. Mide 117 cm y procede de la Iglesia Conventual de San Francisco, demolida en el año 1963. Para los profesores González Gómez y Carrasco Terriza, se trata de una antigua hechura de la Inmaculada Concepción que se veneraba en el cenobio, cuyo bastidor fue reformado para adaptarla a su actual representación mariana (1). Por su parte, el investigador Pedro de la Lastra considera que nos encontramos ante la primitiva Virgen de los Ángeles, que recibía culto en una capilla propia del referido templo y fue procesionada como San Juan Evangelista en la Semana Santa de principios de siglo (2), en otro insólito caso del llamado travestismo cofrade.
En 1967, sufrió una lamentable intervención en el taller del imaginero Antonio León Ortega, donde fue repolicromada de nuevo y se le añadió la ampulosa cabellera, toscamente modelada, que hoy en día presenta (3). Es probable que dicha reforma fuera llevada a cabo por Enrique Pérez Saavedra, tanto por la activa colaboración que mantuvo con el maestro ayamontino durante su último periodo artístico como por las semejanzas que la encarnadura muestra con la de la Virgen de Belén, realizada cuatro años más tarde por Saavedra para la parroquia del barrio onubense de La Navidad.
Pese a ello, la Virgen sigue conservando gran nobleza en su impronta gracias a que no resultó alterado el gubiado en madera de la misma. Ciertamente, sus valores plásticos recuerdan los modelos sevillanos de la primera mitad del Seiscientos; destacando, sobre todo, la valía escultórica de sus manos, de gráciles y torneados dedos, que remiten a la mejor tradición montañesina. Por todo lo anterior, tan sugestivo e inédito ejemplar, orlado con aureola de plata con estrellas, debería recibir la adecuada restauración que recuperara, en la medida de lo posible, todo su esplendor original, así como una ubicación cercana al público que permitiera contemplar con detalle todos sus méritos.
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Respecto a la hechura de San José, se trata de una imagen de talla completa que, al igual que la anterior, no fue concebida con fines belenísticos. Durante el resto del año se conserva en la hornacina izquierda del retablo mayor de la iglesia, formando parte de la larga nómina de tallas religiosas que fueron adquiridas por los párrocos para reemplazar lo destruido en 1936. Entre dichas piezas se encuentran el propio retablo y la Virgen de Gracia, procedentes de un convento del municipio pacense de Fuentes de León; el Crucificado del Perdón, antiguo titular de la Cofradía de la Vera Cruz de Arcos de la Frontera, o las esculturas de San Rafael y Santa Ana y la Virgen Niña, cuyo destino original fue un cenobio franciscano de Villamartín, en Cádiz (4).
También gaditana parece ser la procedencia del santo que nos ocupa. Desde nuestro punto de vista, podemos ponerlo en relación con la escuela dieciochesca de imagineros genoveses afincados en Cádiz, a cuyas maneras, hace un par de meses, también vinculamos desde este medio la referida imagen del Cristo del Perdón (5). Precisamente, con Nuestro Padre Jesús de las Cadenas, otra talla onubense del mismo círculo traída desde las costas de Cádiz, presenta la efigie de San José numerosos puntos en común, tanto en los detalles anatómicos (ojos postizos, nariz larga y afilada, labios finos, bigote ralo, pómulos despejados de barba, cabello estriado y con mechones peinados hacia atrás) como en el trabajo de las vestiduras, festoneadas en oro.
Conviene señalar que esta imagen, orlada con nimbo de plata, también ha sufrido considerables alteraciones, no correspondiendo las mediocres manos que lleva con las primitivas. También es probable que el estofado de los ropajes fuese enriquecido posteriormente. A falta, por el momento, de una mayor documentación sobre su devenir histórico, lanzamos desde aquí nuestra hipótesis como punto de partida de futuras investigaciones acerca de tan singular obra de imaginería.
BIBLIOGRAFÍA
(1) GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA. Escultura Mariana Onubense, Huelva, 1981, pp. 83-84.
(2) DE LA LASTRA BUADES, Pedro Jesús. Breve catálogo de antiguas imágenes pasionistas onubenses no procesionales, publicado en El Dintel, Huelva, 1997, pp. 9-12.
(3) GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA. Escultura Mariana Onubense, Huelva, 1981, p. 83-84.
(4) GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA. Escultura Mariana Onubense, Huelva, 1981, p. 221.
(5) http://www.lahornacina.com/articulosgenoveses4.htm
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